Construcciones invisibles en ‘El bosque’

La linde de un bosque. Sujetando banderas amarillas y separados cada pocos metros, un conjunto de postes rodean una aldea ambientada en un pasado del que no se especifica fecha.  En la noche, las antorchas delimitan de forma más directa el borde entre la arboleda y el valle, un límite que no debe ser traspasado por la pequeña sociedad que mora en el claro.

En la aldea que se nos presenta en ‘El bosque’ (The village, M. Night Shyamalan, 2004) hay unas sencillas reglas creadas para tener una relación pacífica con las terribles criaturas que moran en la espesura, siendo la principal que sus fronteras no deben traspasarse. Y aunque este límite no esté construido y sea invisible, está presente, tiene una fuerza que atenaza el corazón de prácticamente todos los integrantes del pueblo.

Perimetro

Para dar más fuerza al ambiente fantasioso y de sociedad desconocida, la cinta, a pesar de ser de colores apagados, tiene dos que predominan y sobresalen del resto: el amarillo es el de los aldeanos y sus capas, mientras que el rojo pertenece a las criaturas, y está extendido entre la población que es el “color malo” que las atrae. Más adelante sabremos que todo es una gran mentira, que el rojo es malo porque representa la sangre y el dolor de la sociedad exterior, de la que hay que huir.

De esta necesidad de escapar, de retirarse del juego de la ciudad, un grupo de adultos formaron en secreto la aldea, protegida por paredes invisibles y por terrores impuestos con el objetivo de proteger a sus seres queridos. Las viviendas de los habitantes son métodos para ocultar la verdad  mediante el miedo, ya sea porque son el objetivo de pintadas en rojo o por lo que significa refugiarse bajo los sótanos en un intento por escapar de lo que aterra.

“A veces no hacemos cosas que queremos hacer para que los demás no sepan que queremos hacerlas”

Ivy, la protagonista de la cinta, denota con estas palabras que los mismos muros invisibles que cierran al pueblo se encuentran también entre los protagonistas de la historia pero con otra dimensión. Ya en el dúo formado por ella y Lucius (Bryce Dallas Howard y Joaquin Phoenix), ya entre el padre de la misma y la madre de él (William Hurt y Sigourney Weaver).

Weaver Hunt

Entre estas relaciones simétricas los muros son los mismos; por ocultar amores que podrían destruir otra relación o por no saber cómo actuar al estar cerca de la persona amada, la actitud de los personajes se muestra fría y distante. Pero esto es una mera formalidad, llegado el momento decisivo en que el riesgo del sufrimiento de quien aman equilibra la balanza entre el miedo y la valentía, todo sale a la luz.

La banda sonora de James Newton Howard aporta en todo momento un apoyo constante a la acción, permitiendo en algunas escenas que la música también actúe como construcción. Como momento más destacable, remarcar aquél en el que Ivy espera enfrente de la puerta a que vuelva Lucius mientras las criaturas atacan; tras unos instantes de tensión y música sostenida, las notas se convierten en la estructura que sustenta los movimientos:  la falda de Ivy que ondea al compás de la escena o la argolla que baila unos segundos en la tapa del sótano tras su brusco cerrar son pequeños actos previos a entender que bajo el embrujo de las imágenes y notas, las manos fuertemente apretadas de la pareja lo significan todo.

Pero un suceso trastoca los cimientos de la pareja y Ivy, a pesar de su ceguera, deberá abrirse camino entre los árboles. Para permitirlo, su padre tendrá que abrir un resquicio entre sus mentiras para permitir a su hija un camino libre de temores. Aceptar que vaya a la sociedad, que recurra a ella como salvación, es derrumbar de un mazazo todo lo que junto a los mayores ha construido. Así pues, la ceguera de Ivy y el amor de Lucius son los catalizadores para romper esos muros invisibles, que se levantaron para imponer paz y huir del dolor, pero que en realidad cortan las alas de la libertad en pos del egoísmo del amor, entendido como la necesidad de proteger lo que amamos bajo cualquier coste.

Ivy

A veces lo que no se dice pesa más que lo que pronunciamos, convirtiendo el aire y el silencio en los materiales más tangibles y aquí ayudan a dar forma a las ideas de los personajes. El temor, inventado como forma de control/protección influye en quienes no se atreven a traspasar los intangibles muros, y desencadena en las reacciones de la pareja protagonista; pero para demostrar que lo que hay entre ellos dos es un amor que solo quiere el bien del otro, sin egoísmos, ellos son los que se verán capacitados para traspasar la linde del bosque, quienes podrán vencer ese miedo/mentira y derribar las fronteras de su realidad, esa construcción del miedo, aceptando el dolor que la vida conlleva.

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3 comentarios en “Construcciones invisibles en ‘El bosque’

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