‘Lean on’ y el mosaico bizantino

Estamos rodeados de ilusionismo, y a veces, nos gusta que nos engañen. Cuando vemos a un mago actuar nos seduce dejarnos llevar por ese momento en el que creemos que algo imposible ha sucedido, o bien intentamos buscar el truco luchando contra el engaño.

A veces, estas tretas nos sirven para percibir sutilezas que pasan desapercibidas y se vuelven temas de los que hablar, encontrados en sitios inesperados. Personal y recientemente me ocurrió al ver el videoclip que tenéis a continuación (Major Lazer (2015) Lean on):

Desde el inicio nos reciben una estética made in Bollywood y un ritmo que invita a moverse, así como bailes sensuales, escenarios indios sugerentes, y tras el primer estribillo, ¿es eso el ayuntamiento de Estocolmo?
A partir del minuto 1:10 y en diversas ocasiones, un escenario se nos introduce en el conjunto como si formara parte del todo; el engaño ha sido dispuesto y hemos caído en él.

Pero es normal que hayamos pasado por alto que los dorados mosaicos del fondo no estén donde deben estar. Continuando con el símil inicial, la mano del director ha sido más rápida que nuestro ojo y ha preparado todo un conjunto que invita a dejarse llevar y pasar por alto el Salón dorado (gyllene salen) del citado ayuntamiento.

Pero las alfombras, candelabros y bailarinas no pueden ocultar la verdad de la sala, tan ricamente decorada por Einar Forseth entre los años 1921 y 1923. Los aproximadamente 18 millones de piezas que visten las paredes se reconocen por la obra de “la Reina del lago Mälaren”, cuyo regazo y séquito se vislumbran en cada aparición de la sala.

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Una vez descubierto el truco podría chocarnos, el escenario ya no nos cuadra y la esencia se ha roto, pero ¿del todo?

En los mosaicos, llevados a cabo por la empresa berlinesa Puhl & Wagner, Estocolmo se representó humanizada y entronada con el nombre Mälaren, el lago de cuyas aguas bebe, y a la que acuden a lado y lado un séquito de oriente y uno de occidente, que la veneran. Así pues, la ciudad se presenta como unión cultural de dos frentes, retomando este aspecto que en su día tuvieron Constantinopla, puerta entre dos mundos, y sus mosaicos, crisol del arte heleno, romano y oriental.

Pero no solo encontramos esta idea en el aspecto teselado de la sala, ya que constructivamente responde al mismo patrón. En los planos de Ragnar Östberg podemos entenderla como un punto medio del edificio que separa en dos el gran volumen de ladrillo, siendo la unión construida de sus dos focos principales: el patio exterior y el Salón azul (Blå hallen)

Stockholms stadhus_Holger Ellgaard

Aunque entendamos los motivos que llevaron a introducir la sala sueca en una temática india, la elección sigue más allá de lo que podamos aventurar. Pero está claro que, a pesar del cambio geográfico, el mensaje del escenario infiltrado sigue formando parte del videoclip, que en palabras de Diplo, integrante y fundador del grupo, respeta el carácter de mashup cultural que la banda representa.¹

Portada_Leanon

Figura 1. Gyllene Salen. Recuperada de https://www.google.es/

Figura 2. Holger Ellgar. Stockholm Stadshuset (retocada). Recuperada de https://www.google.es/

Figura 3. Major Lazer. Lean on (fotograma). Recuperada de https://www.youtube.es/

¹ Diplo (2015) http://diplo.com/2015/07/09/video-major-lazer-dj-snake-lean-on-feat-mo/

La recta y la curva, figuras entre la geometría y la moral

En el fragor de una batalla de las guerras Médicas los ensordecedores gritos dejan entrever entre la algarabía diferentes sonidos: las espadas chocan y las flechas surcan el aire; las rectas colisionan, lo curvo envía la muerte desde lejos.

Como en toda la moral humana, la recta y la curva son un juego de matices: No hay vida sin muerte, luz sin oscuridad…Tal como una persona puede establecerse  recto ante la vida, dando su mejor rostro a lo que se le oponga, puede en otro momento doblarse para afrontar la adversidad. El momento y la acción, volátiles, implican un cambio en la actitud de la persona, de manera que pueda adaptarse a la situación.

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Para los griegos antiguos, una de estas actitudes era inherente al héroe, belicoso y directo, capaz de mirar al rostro enemigo y olvidar cualquier temor; la otra a un soldado más astuto, escondido quizás, urdidor de tramas que le permitían salir airoso de la situación.
Y así, sus armas son un ejemplo material de la concepción de la guerra en cada arquetipo de soldado: la espada se empuña para el combate cuerpo a cuerpo, conlleva la fiereza de una lucha directa, mientras que el arco se utiliza desde la distancia, se tensa curvándose, y curva es la trayectoria que debe trazar la flecha en el aire si quiere alcanzar grandes distancias.

Por otro lado, en Egipto la curva y la recta encontraron una personificación deificada. La diosa Maat aparece como una representación de un concepto filosófico que rige la vida del egipcio. Para nosotros ese concepto se traduce por “verdad” pero la idea iba más allá.¹
En una misma deidad encontramos los dos conceptos que estamos tratando. Maat era la rectitud del alma y del buen hacer, pero en su cabeza portaba una pluma, curva en su liviano movimiento al disponerse sobre la balanza que pesaba el corazón de los difuntos tras su paso en la tierra.

Encontramos también a la diosa en el crepidoma sobre el que se eleva Ptah, deidad constructora egipcia, que se nos presenta firme sobre la verdad y la rectitud para ejercer sus habilidades, sujetando además una vara que le aporta estabilidad, la misma que él ofrecerá a las obras que ejecute sobre el suelo.
En ambos dioses residen sendos conceptos geométricos como formadores de un único ideal, que en Ptah dan forma a lo construido y en Maat ejemplifican su complejidad, que el egiptólogo E.A. Wallis Budge describe como “la concepción más alta de la ley moral y física, el orden para los egipcios”

Ordenar  en este caso no es dar un nuevo significado a elementos que surgían del desorden, se usa como rectitud moral que acompaña a todo el proceso constructivo, ésta se nos aparece en el suelo, marcando los trazos definitorios de aquello que será; también en el cuerpo de lo edificado, estableciendo límites entre su materialidad y el espacio que roba a las potencias celestiales; y en la cubierta, definiendo el cobijo que bajo la égida del edificio encontramos. Pero es sobre todo un elemento fundacional: la creación surge de un trazado recto, ya sea por cuerdas tensadas que delimitan un terreno, o marcado por el arado de un hombre, tal como hicieron Rómulo y Remo al separar el terreno de lo que sería Roma.

La mano del constructor a la hora de realizar estos trazos se ve movida por fuerzas superiores a la persona. El alma humana, como postuló Blaise Pascal, es como una caña, el símbolo que los líderes mesopotámicos portaban como muestra de su rectitud, pero también volátil y curva en su adaptabilidad al viento que la mece.
Así, de la etimología sumeria “gi-na” (que implica en la misma idea la caña y el ser estable) procede “qanah”, crear en hebreo, relacionada con nuestra caña y Caín, que en su propio nombre implica la concepción dual de la recta y la curva, uno entre muchos personajes constructores míticos que ofrecen dos caras, intercambiables cual máscaras de teatro.

Caín y Abel, al igual que Rómulo y Remo, son ejemplos de estos seres creadores que surgen del conflicto entre hermanos. Caín tras asesinar a su gemelo Abel y Rómulo tras hacer lo propio con Remo, fundan una ciudad, que otorga albergue y cimiento para la civilización. Así pues, todo constructor mítico, capaz por un lado de edificar, de ordenar elementos y obtener  mediante la rectitud cobijo para la humanidad, es capaz por otro de doblarse al instinto, de cometer asesinatos, de someter a allegados a un castigo mortal.
Pero sus acciones no son juzgadas de manera que se les imposibilite el hecho de crear. Con lo curvo de doblegarse ante sus actos más oscuros se les faculta como portadores de las artes edilicias, surge de sus propias acciones la posibilidad de anteponerse a la adversidad que significa componer realidades mediante las rectas. Los antiguos sabían que las mayores obras implicaban sacrificios, y que las grandes personas debían poseer ambos aspectos como dos caras de una única moneda.

Como veíamos al principio hablando del imaginario bélico griego, a fin de cuentas, tanto la diferencia entre las armas como entre ejecutores se reduce a la nada, ambas opciones implican un derramamiento de sangre, ninguno de los dos escapa a un conflicto en el que sólo puede prevalecer uno de los contrincantes. La recta de la espada o lo curvo del arco servían a un mismo fin.

Tal y como el Noé sumerio Utnapishtim encontró en las cañas la salvación a su diluvio, hagamos nosotros lo propio en aceptar esta dualidad inherente a nosotros, el saber encontrar un resultado apropiado a cada situación y reforzar nuestra duplicidad, la ambigüedad de dos rostros que todos portamos en el interior, y que en los mitos y tradiciones del pasado encontramos.²

¹ Armour R.A. (2006) Dioses y mitos del Antiguo Egipto. Madrid: Alianza Editorial

²  La mayor parte de las ideas aquí trabajadas proceden del curso “Mitos y arquitectura en occidente” impartido por Pedro Azara en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. 2011

Figura 1. Battle of Plataea. Recuperada de https://www.google.es/

Fecha original del artículo: Mayo de 2011

 

Nace “ArchMedia”

“Sic parvis magna”

“La grandeza nace de pequeños comienzos”

Se dice que un arquitecto nace cuando acaba la carrera, cuando ha bebido de diversas fuentes y ya es capaz de abrir su mente al mundo sin ataduras.

“ArchMedia” nace por una necesidad de unión, para ser un nexo de todo aquello en lo que la arquitectura está implicada y desde donde me llama. A veces sutil, otras evidente, la dama se pasea entre obras que no pertenecen directamente a sus dominios, y muchas veces durante la carrera, viendo una película, jugando un videojuego, disfrutando de un buen videoclip o sumido en otras creaciones, la notaba ahí y quería escribir sobre ello. Ahora que ese periodo a la vez formador y opresor ha acabado, siento que puedo escribir y profundizar en esos temas con total libertad.

Después de este & (et) viene un cétera que se inicia con un artículo que escribí en 2011 como examen final a la asignatura “Mitos y Arquitectura en occidente” impartida por uno de mis grandes referentes en la carrera, Pedro Azara, cuyas clases me hacían volar y desear investigar cómo nuestra arte+técnica se entremezcla con otros aspectos de la vida y la creación humanas.

Dejemos claro entonces que para mí, como para muchos otros, arquitectura no es sólo “construir edificios”, es un reflejo de nuestra historia, es delimitar, es poner en valor aspectos artísticos, apreciar y saber crear ambientes, conocer la estructura interna de las cosas, y es saber decir “no” cuando otros dicen “sí”; un todo, si preferís, que nos acompaña en nuestro viaje.

Para quien quiera acompañarme en el mío, ¡va esta bienvenida!